Apuntes sobre aunque vagues perdido

Oswaldo Encalada

aunque vagues perdido es el título del nuevo poemario que Juan Carlos Astudillo propone al lector. Antes de pasar a las páginas interiores es necesario detenerse en él esta frase está incompleta, debido, sobre todo, a la presencia de la palabra «aunque», que es una conjunción concesiva. Por ejemplo, esto se nota al decir: Aunque lo busques, no lo encontrarás. La construcción podría ser también al revés: No lo encontrarás, aunque lo busques. Lo concesivo significa que, a pesar de cumplirse una parte o una condición, sí se cumplirá (o no se cumplirá) la primera parte del juicio.Juan Carlos Astudillo lo que hace es plantearnos solo la mitad de la cláusula, y, de inmediato, se esparce el misterio de lo no dicho. Los lectores debemos, mediante el proceso de la lectura, recuperar, adivinar, recrear, conformar la parte elidida y principal.

En este sentido, uno podría pensar que el título completo podría ser:  Lo conseguirás, aunque vagues perdido, o Llegarás a la meta, aunque vagues perdido, o Te encontrarás, aunque vagues perdido. Y, naturalmente, podrían presentarse muchas otras vías de sentido.

Las siguientes líneas han sido articuladas con la intención de reponer aquello que Juan Carlos ha callado. Se trata de un intento, porque, finalmente, el sentido podría moverse en otras direcciones y, en tal caso, este lector podría quedarse con un palmo de narices.

Toda lectura implica una apuesta, la elección de una vía significativa; siguiéndola uno puede llegar a algún lado, o, lo que también es posible, a ninguno. O quizá el vagar seasean la fórmula y el destino. Y, en ese caso, el título del poemario podría estar dirigido al lector, con un claro matiz de desafío, que concede el llegar, a pesar de andar perdido.

Al abrir el poemario, lo primero que uno encuentra es un epígrafe:

Ni papel, ni pluma ni escritor alguno puede nunca relatar el estado de su mente. (Gurú Nanak Dev Ji).

Ahora, la pregunta obvia: ¿Quién es este gurú? La respuesta la encontramos en internet:

Gurú Nanak Dev Ji (Nankana Sajib, 15 de abril de 1469 − Kartarpur, 22 de septiembre de 1539) fue el fundador del sijismo y el primero de los diez gurús sijes. No solo es reverenciado por los sijes, sino también por los hindúes y los del Panyab, y por todo el subcontinente indio.

De los tres pilares del sijismo, nos interesa solamente el primero, para los fines que nos hemos propuesto:

Practicar directamente la meditación divina (el simran) y cantar el nombre de Dios (el naam japna). 

La función de un epígrafe es muy importante para el escritor, puesto que esa frase o breve texto orienta o alumbra, como un faro, la escritura posterior. El gurú Nanak Dev Ji nos pone en alerta porque el estado de la mente propia no puede ser reducido a la escritura racionalizada, ni siquiera la del propio escritor y, mucho menos a la lectura de la crítica.

Al obstáculo del título se suma ahora, la advertencia de un maestro. El estado de la mente es irreductible al análisis y a la posterior expresión.

Pero quedarnos aquí sería claudicar, desistir de todo intento para echar una ojeada al mundo poético propuesto. Convencidos de que se puede avanzar, aunque vague perdido;hemos intentado algunas ideas sobre este poemario.

Veamos, antes, en unas líneas iniciales, cómo está construido el texto. Hay dos partes: 1- a escucha. 2- el decir. Como se puede constatar, dos palabras (o acciones) íntimamente relacionadas. No hay la primera, sin la segunda. A parte de esto, los textos de la primera parte usan varios tipos de escritura: están la letra cursiva, la letra negrita, y en unos pocos casos aparece una letra menos clara, sombrosa (p. 23) así como también de mayor tamaño (p. 22)

A partir de la primera página se alternan los dos tipos de letra, cursiva y negrita, en este orden. El primer poema se presenta cobijado por el título voluntad. Este es el contenido:

-la intuición zurce signos entre sábanas, incendios, pulgares y prismas.

            su rostro leve

zigzaguea la hojarasca

mientras la tiñe de costumbre y máscaras.

-en una inhalación pausada me cobijo.

lo difícil es llegar a ella,

asirla.

En nuestra opinión, en esta página están ya claramente explicitadas las claves para entender todo el poemario. Como hemos dicho, hay dos tipos de letra: cuatro líneas corresponden a la cursiva y tres a la negrita. El primer sustantivo (aunque sea la segunda palabra en aparecer en el texto), es decir, la primera sustancia con la que nos encontramos es con la “intuición”, palabra que es definida en el Diccionario académico de la siguiente manera: “Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”

Y dentro del campo filosófico, la significación es ligeramente más amplia: “Percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene”.

Y aún más, la intuición, dentro del campo religioso es una especie de visión beatífica. 

La intuición es, evidentemente, una actividad mental, una especie de iluminación instantánea, extática. A su vez, esta línea inicial del poemario nos está planteando, con total nitidez, una teoría del conocimiento y de la verdad. Se puede conocer algo, no por el uso de la razón y sus procesos secuenciados y lógicos; se puede conocer por una fulguración intuitiva, por la aprehensión inmediata 

de la esencia, tal como ocurre con las revelaciones religiosas, como también la filosofía-religión zen, que usa la meditación como estado físico y mental para acceder a las verdades trascendentes.

El ser humano que medita es una mente y un cuerpo, que dialogan, se comunican, se fortalecen y se confortan a través del puente de la meditación. Uno es el discurso intuitivo de la mente; y otro, el discurso del cuerpo. Ahora se entiende por qué hay dos tipos individualizados de letra. Al discurso inicial de la mente le sigue, como una sombra – y por eso usa una letra más oscura-, el discurso del cuerpo, discurso que se convierte en una especie de glosa a lo que dice la mente:

-la intuición zurce signos entre sábanas, incendios, pulgares y prismas.

            su rostro leve

zigzaguea la hojarasca

mientras la tiñe de costumbre y máscaras.

-en una inhalación pausada me cobijo.

lo difícil es llegar a ella,

asirla.

La glosa explica las circunstancias de los actos. La frase “lo difícil es llegar a ella, asirla” connota la dificultad de llegar a la intuición, asirla. 

El primer sustantivo del discurso corporal es “inhalación”, término definido por el Diccionario, como: acción de inhalar: Aspirar, voluntaria o involuntariamente, ciertas sustancias, como gases, vapores, partículas, etc. 

Los términos “inhalar, inhalación” nos remiten directamente a la respiración y a respirar. La respiración es siempre un proceso doble: se inhala, se exhala. A esta altura de nuestra indagación ya no resulta inesperado encontrar en el discurso del cuerpo las palabras “inhalar-exhalar” (bien como infinitivos, bien como formas conjugadas). Así, a la “inhalación” que apareció en la primera página, le corresponde su lógica secuencia que es “exhalar”, en la segunda página: “sin embargo, mientras exhalo”. En la página 43 hay un ejemplo perfecto de esta doble naturaleza de algo que es único:

entender que el tiempo

a veces

Es,

otras,

Está

a veces 

Se 

disuelve

en una imagen

que

es

y está

al momento de dejar de titubear.

-el tiempo,

remolino que se niega y reinventa

expandiendo 

tropiezos que van y vuelven,

que vuelven y van… 

Ahora bien, la dicotomía cuerpo-mente se evapora y solo queda una realidad, la del sujeto que medita, que es también el sujeto del poetizar, del que busca la iluminación intuitiva. Por eso es que, a partir de la página 13, el discurso de la mente también habla de “inhalación”, aunque en términos poéticos y no “realistas” como lo hace el cuerpo:

anidar el aliento hacia el abandono;

dejar a un lado los espejos

y

marcar

el tiempo

de implosión. 

Anidar el aliento es llevar el aire al interior del cuerpo. Y de inmediato viene la contrarréplica del cuerpo: “exhalar es una renuncia, un vestido, un espejo”. (p. 14).

El inhalar vuelve a presentarse: “inhalar de un lado a otro/ marcando un ritmo”. (p. 15). Y, por último, en la página 20 se habla del proceso entero: 

-entonces, respirar es el ovillo

que sostiene la imagen

de nuestra relación

con la sombra que sonríe.

Esto de que el discurso de la mente es altamente poético (letra cursiva), mientras que el discurso del cuerpo tiende a ser realista (letra negrita) podemos constatarlo una vez más, en otro fragmento del texto, como el siguiente:

no existe poder en la firmeza.

el vértigo habita voces lisas y empinadas. (p. 32)

De modo que estamos ante la ejecución de una serie de ejercicios respiratorios que van en búsqueda de la meditación y la concentración para alcanzar la iluminación intuitiva. Es más, al parecer hay una pista de la forma en que se ubica el meditador:

encontré la pulsión,

              el color exacto en que gravita el ombligo. (p. 20)

Naturalmente la meditación, los ejercicios respiratorios deben hacerse en un ambiente de quietud y silencio. Estas palabras (quietud y silencio) aparecen en varias partes del texto, lo cual es significativo para entender que esta puede ser una vía no descaminada en la intelección del texto poético. Veamos solamente un par de ejemplos: 

la quietud es poder que se ejerce en silencio.

el silencio 

permite

lo que alcanzamos a ser,

en quietud. (p. 34)

Y el segundo ejemplo:

en la quietud resolvemos la huella,

las palabras y su estela. (p. 36)

En algunas líneas atrás ya habíamos planteado que la intuición es ese proceso de aprehensión inmediata, que no necesita de los regulados procesos de la razón. En esta tarea poética de alumbramiento y captación, en realidad, la razón se vuelve un obstáculo por su cálculo y su paso medido; y, por tanto, algo que impide ese conocimiento iluminado y de primera mano:

-a veces 

la idea de tener una idea

impide ver hacia adentro. (p. 20)

O en este otro caso:

el pensamiento es una forma de esconderse. (p. 35)

De modo que la intuición es el mecanismo — si es que es lícito usar una palabra de connotaciones tan materiales para algo que es infinitamente inasible, fulgurante, iluminador — que permite la aprehensión de la esencia del mundo, no tanto para entenderlo (porque esto implica un proceso de conocimiento) sino para sentirlo en vibración armónica con el sujeto que medita y poetiza.

Y este poemario está lleno de intuiciones que se presentan no vestidas con metáforas, porque el vestido es piel exterior. Estas intuiciones son metáforas, todas ellas logradísimas, todas ellas fulgurantes. Y hay más, como se trata de captación intuitiva y conocimiento inmediato, todo se resuelve, en definiciones. Esto explica que estas expresiones intuitivas estén construidas del mismo modo gramatical: un sujeto, el verbo “ser”, que es el verbo sustantivo, como decían las gramáticas tradicionales, y un complemento. Veamos algunos ejemplos:

las palabras son una muralla que sucumbe a los arpegios. (p. 17)

el miedo es la sed en medio del pajonal (…)

el miedo es una pausa que chilla (…)

el miedo es negar el grito que inaugura el desierto. (p. 26)

el miedo es el desierto, los cuarenta días, la frontera; (p. 27)

el nombre es un juego, 

un prisma,

una posibilidad (…)

el nombre es un pajonal. (p. 42)

el mundo es un silencio que

i n t e r r u m p i m o s. (p. 47)

Aunque se debe reconocer que, a veces el verbo está elidido por razones de correcta construcción, y para evitar la excesiva redundancia.

Dentro del mismo tema de la aprehensión intuitiva hay tres asuntos puntuales que debemos plantear.

El primero consiste en contradecirnos respecto de la forma sintética de la intuición y su posterior expresión lingüística. Hay un caso de intuición magníficamente conseguida, y, al mismo tiempo, extensa, como en contradicción con las otras definiciones cortantes y precisas. Esto ocurre en la página 62 con el texto titulado isla luna. Lo primero que resalta es que el título nada tiene que ver con el desarrollo significativo del texto, porque no hay ni isla ni luna, como tampoco paisaje marino ni escenario nocturno. Si se lee con la alerta necesaria se descubre que el poema es una descripción logradísima de la palabra. Ella es la protagonista que se presenta fulgurante y nítida a través de 26 adjetivos. El único sustantivo es el término “palabra”, ubicado estratégicamente al final y al centro del discurso intuitivo, que esta vez se ha ido tras las cualidades. Siendo más osado, diría que es como si asistiéramos a la exhibición de un pavo real cuando hace la rueda. Los colores tan llamativos y esplendentes son los adjetivos que rodean a la sustancia (el sustantivo). Es la palabra la que ha permitido la pródiga aparición de tanto adjetivo. ¡Hermosa e inolvidable página!

El segundo asunto que concita nuestro interés es lo relativo a la aprehensión intuitiva de la fugacidad, que es lo mismo que decir, del tiempo:

el tiempo es una caricia horquillada (p. 14)

entender que el tiempo

a veces

Es,

otras,

Está

a veces 

Se 

disuelve

en una imagen

que

es

y está

al momento de dejar de titubear.

-el tiempo,

remolino que se niega y reinventa

expandiendo 

tropiezos que van y vuelven,

que vuelven y van… (p. 43)

El tercer asunto está estrechamente relacionado con el tiempo, y es el tema del ser: y el Ser es solo lo que somos en ese estar. (p. 58). He aquí planteado un enigma metafísico sobre el ser. El ser es sustancia inmanente e intemporal. Por eso el verbo ser es el continente lingüístico de la esencia. Su contrario es el verbo estar, que es una permanencia temporal, una estación, un ubicarse aquí, ahora, allá. El estar — lo que está — se desliza en el tiempo. El ser no se mueve. Ya Platón consideraba que el no ser estaba en el movimiento.

Pero, para la intuición poética, vital y religiosa de Juan Carlos Astudillo, el ser se encuentra en el estar, algo que parece presumir de contradictorio; pero que no lo es, porque la esencia -eso dice el poeta- es algo que va sedimentándose en el tiempo. No hay ser dado e inmutable. Sí hay, en cambio, un estar que se desplaza en el tiempo. Ese desplazamiento, esa fugacidad es lo que somos. 

En la segunda parte del poemario -recordemos que se titulaba el decir-, ya ha cesado la dicotomía mente -cuerpo (intuición-respiración) porque la meditación ha llegado a su punto culminante y ya no se percibe división ni fractura. Esta es la razón por la cual en esta parte ya no hay doble forma de escritura. Todo se ha unificado, se ha conseguido la reunificación de aquello que solo una cultura analítica, separadora y esquizofrénica había dividido, en perjuicio naturalmente de la globalidad del sujeto que intuye y poetiza. Ahora el que escucha y el que habla —medita — quedan consolidados en el decir, el enunciar, el intuir, en el asombrarse ante el conocimiento iluminado del mundo.

Al principio de esta exploración en el campo del sentido habíamos dicho que el título del poemario estaba incompleto: aunque vagues perdido. A esta frase la habíamos completado, solo a modo de ejemplo. En el estado actual de nuestra indagación creemos que ya es posible atreverse a concluir la frase con algo menos de incertidumbre. Proponemos que podría ser: Llegarás a las certezas, aunque vagues perdido. Sí, efectivamente, el sujeto lírico sale a aprehender el mundo a través de las intuiciones, y lo logra; pero las certezas vitales no brotan de este ejercicio mental y de meditación. Las certezas encontradas nacen de la sangre, brotan del amor.

Sustentemos esto con las razones del texto. Hay varias referencias a las hijas del poeta, a su propia infancia, recreada y re-vista en ellas.

Primer caso:

regresar a casa.

escuchar la voz de mis hijas

continuarlas. (p. 53)

Segundo caso:

entregar la voz en el viento hueco

que llamamos mañana.

en la calma y los juguetes desparramados por la casa. (p. 62)

Y un tercer caso:

nuestra hija

pateando

el sueño mientras sueña que ríe

entre risas. (p. 69)

Y para cerrar el texto y clausurar esta avanzada del sentido tenemos la verdad-certeza del ser y del amor: la mujer en el lecho:

el Ser.

la Verdad.

tú,

enredada en la sábana (p. 70)

No es extraño, a esta altura del sentido, que las palabras “Ser” y “Verdad” estén con mayúsculas, cuando el poeta, a todo lo largo del texto, ha evitado usarlas.

Y algo más, que permite ahondar las posibilidades. Tal como está planteado este último texto, podría dar cabida a una lectura vertical, que junte “el Ser” con “tú”. Y lo mismo “la Verdad” con “enredada en la sábana”. Misterios de la intuición y de la captación del mundo.

Un último asunto todavía pendiente: Juan Carlos Astudillo es estudioso de signos y de sistemas, de palabras y fonemas. Por eso no llama la atención que ya en la primera línea del poemario se hable de este tema: –la intuición zurce signos entre sábanas, incendios, pulgares y prismas.

Permítanme la indiscreción de recordarles que la sábana del final del texto, aquella donde estaba enredada la mujer, es la misma que aparece en esta línea inicial.

De fonemas se habla en la página 35: 

respirar, observar, callar,

deambular los vericuetos del gentío

y tomar de entre ellos

el espacio

y los fonemas que son pretexto

y corren en abandono. (p. 35)

En la concepción del poeta los signos son entes naturales: –el nombre es un pajonal. (p. 42). Del mismo modo, la naturaleza está formada por signos, y el mismo ser humano lo es: Sé la gramática / de las cuevas. (p. 50). Y por eso también, el ser humano se funde en y con el mundo en una realidad cósmica y unitaria: 

me vuelvo la montaña

en la esquina exacta en que tropiezo

al desvanecer el pulso

y lo que saluda el ruido. (p. 60)

La cercanía a la lengua le permite, por breves instantes, la licencia para el rasgo lúdico de entretenerse con los signos y su sustancia sonora, y con apenas unas breves variaciones de fonemas y significantes: 

su transparencia me atraviesa

mientras caminar se vuelve un paréntesis,

una premisa,

una promesa que sucede paso a paso. (p. 59)

Aquí el juego se muestra entre “premisa” y “promesa”, como se puede ver, hay una gran cercanía fónica y una insólita cercanía semántica.

El segundo ejemplo:

-el cuerpo y yo somos dos

y nada.

un paréntesis que crece,

una voz que se hermana descubriendo vórtices

para dejar de ser,

para ser ese dejo,

esa marca que exige el abandono. (p. 22)

El juego fónico y significativo se presenta entre “para dejar de ser/ para ser ese dejo”.

Con la dispensa del gurú Nanak Dev Ji nos hemos atrevido a indagar en la expresión poética de la mente del sujeto lírico, para tratar de entender este poemario. Si lo dicho no ha resultado claro ni convincente, si los argumentos han sido flojos y mal zurcidos, culpa es de este lector, que no tuvo la gracia de iluminarse con las intuiciones; pero, en compensación justa, el poemario aunque vagues perdido, tan entero está, tan lleno de fulgurantes intuiciones del mundo, y así lo entregamos a las manos de los lectores.

  1. Wikipedia, «Gurú Nanak Dev Ji», última modificación consultada el XXXX,https://es.wikipedia.org/wiki/Gur%C3%BA_Nanak_Dev_Ji.

  2. Ibíd.
  3. ASALE, R., & RAE. (2026). Diccionario de la lengua española | Edición del Tricentenario. “Diccionario de La Lengua Española” – Edición Del Tricentenario. https://dle.rae.es/intuici 
  4.  ASALE, R., & RAE. (2026). Diccionario de la lengua española RAE – ASALE. “Diccionario de La Lengua Española” – Edición Del Tricentenario. https://dle.rae.es/inhalar?m=form
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